En un cruce fascinante entre tradición y renovación, los Veranos Flamencos con Mucho Arte regresan este julio a la Riviera Maya para su quinta edición. Del 18 al 27 de julio, el corazón de Tulum latirá al compás de taconeos, cantes y cajones en una experiencia de formación artística y desarrollo personal sin precedentes en Latinoamérica.

Este proyecto visionario fue fundado por Lya Morgana, bailadora, coreógrafa y licenciada en Docencia de las Artes, con más de 15 años de experiencia en el ramo, ha colaborado activamente como maestra de flamenco en la Máxima Casa de Estudios, la UNAM. Además de dirigir el Estudio Mucho Arte y Romería Producciones, Lya ha dedicado su carrera a usar el arte como herramienta de transformación social. Desde 2021, ha consolidado este espacio formativo que combina excelencia académica, comunidad y conciencia ambiental, logrando impactar positivamente tanto en las participantes como en las comunidades anfitrionas.

“La danza puede ser una vía poderosa para el crecimiento individual y colectivo. En Veranos Flamencos no sólo se aprende a bailar, se aprende a vivir con más fuerza, más presencia y más empatía”, afirma Morgana. “Invito a todas las mujeres que sienten el llamado del arte a atreverse. Este verano puede ser el inicio de una transformación profunda”.

El programa contempla clases regulares y magistrales con reconocidas maestras del flamenco, como María Díaz, Lya Morgana y Alejandra Águila, además de espectáculos en vivo, conversatorios, ensayos abiertos y una gala final en la que las participantes comparten escenario con sus formadoras. Las actividades están abiertas a todos los niveles, desde principiantes hasta avanzadas, y se otorgan becas a aquellas alumnas que demuestren compromiso, solidaridad y excelencia artística.

Sin embargo, lo que distingue a Veranos Flamencos de otras propuestas es su enfoque integral y con contenido social. Además de las clases, las participantes se sumergen en actividades ecoturísticas y de responsabilidad comunitaria, como la promoción del cuidado de los recursos naturales y el intercambio cultural con poblaciones locales. Según estudios de la UNESCO, el arte no solo favorece la autoestima, sino que promueve valores de respeto, tolerancia y cooperación —competencias esenciales para una sociedad más justa y empática.

El contexto natural —selva tropical, ruinas mayas, cenotes y mar caribeño— es el escenario perfecto para que el cuerpo y el espíritu encuentren equilibrio. Los testimonios de ediciones anteriores coinciden: el programa cambia vidas. Como compartió una exalumna: “Sentí que cada paso era un reencuentro conmigo misma. El arte me devolvió fuerza y claridad”.