En el mar, el agua no es solo un recurso, sino un sistema vivo del que dependen los ecosistemas y las especies. Su temperatura, salinidad y composición influyen en el desarrollo de la vida marina, por lo que cuidar de su equilibrio impacta a la biodiversidad, pero también al futuro de nuestra alimentación.

Hoy, esta armonía enfrenta un reto importante. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, alrededor de 4 mil millones de personas (casi dos tercios de la población mundial), padecen escasez grave de agua durante al menos un mes al año. A esto se suma que, según estimaciones de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), para 2030 la disponibilidad de agua dulce podría reducirse hasta en un 40%, lo que acelera el riesgo de una crisis global en línea con el crecimiento poblacional.

En este escenario, el Día Mundial del Agua (22 de marzo) cobra relevancia al invitarnos a replantear la forma en que gestionamos los recursos naturales y producimos nuestros alimentos. Bajo esta perspectiva, Santomar impulsa un modelo de acuacultura que cuida el vital líquido y reconoce su papel esencial en la vida marina y en el desarrollo de las especies que cultiva.

“El agua no es solo un insumo, es el punto de partida de todo. En Santomar no solo buscamos respetarla, sino también cuidarla y proteger su integridad, entendiendo que de ella dependen tanto los ecosistemas como la calidad de los productos que llevamos a nuestra mesa”, comentó Pablo Konietzko, Director Ejecutivo de Santomar

Como empresa pionera en acuacultura regenerativa en México, el modelo operativo de Santomar integra ciencia, tecnología e innovación a lo largo de todos sus procesos, con cada fase operando bajo precisión científica y altos estándares. Con el agua como eje central de su operación, la compañía produce sus especies con agua de mar en lugar de agua dulce, lo que permite un ahorro significativo de este recurso. Además, utiliza sistemas de recirculación que permiten reutilizar el agua de cultivo y reducir la descarga de contaminantes al medio ambiente, asegurando que cada etapa se desarrolle sin afectaciones al ecosistema y manteniendo condiciones óptimas para las especies y el entorno que las sostiene.

Pero el impacto va más allá de la producción. En el caso de los Ostiones Santomar, su propia naturaleza filtradora contribuye activamente a mejorar la calidad del agua, ayudando a mantener ecosistemas más limpios y saludables. Así, el cultivo no sólo coexiste con el entorno, sino que contribuye a su bienestar.

Hoy, frente al aumento del estrés hídrico y la presión sobre los océanos, es fundamental replantear cómo se producen los productos que consumimos. Para Santomar, cuidar el agua no es un gesto de un solo día, sino una práctica constante que protege el futuro de nuestros océanos.