En el centro del país, donde se concentra una de las mayores densidades poblacionales y económicas de México, la presión sobre el agua ha alcanzado niveles críticos. La región —particularmente el Valle de México— enfrenta una combinación de alta demanda, sobreexplotación de acuíferos y dependencia de fuentes externas que comprometen su viabilidad hídrica.
A nivel global, cerca de 4 mil millones de personas viven con escasez de agua al menos una parte del año, de acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas, una tendencia que se replica en regiones altamente urbanizadas como el centro del país.
Alta demanda y dependencia de fuentes externas
En el Valle de México, más de la mitad del agua consumida proviene de fuentes externas, lo que evidencia la presión sobre los recursos locales. Se estima que alrededor del 57% del suministro depende de sistemas fuera de la cuenca, como trasvases y acuíferos de otras regiones.
Uno de los principales es el Sistema Cutzamala, que abastece aproximadamente entre el 25% y 26% del agua potable de la región, beneficiando a millones de personas. Sin embargo, este sistema ha mostrado una alta vulnerabilidad: durante 2024, sus niveles llegaron a caer hasta 25% de su capacidad, encendiendo alertas sobre un posible “día cero”. Aunque en 2025 se ha observado recuperación gracias a lluvias extraordinarias, especialistas advierten que esta mejoría es temporal frente a un contexto de cambio
climático.
Sobreexplotación y hundimiento: efectos visibles de la crisis
La alta demanda urbana ha llevado a una extracción intensiva de agua subterránea. Actualmente, más del 60% del agua que se consume en la región proviene de acuíferos, muchos de ellos sobreexplotados.
Este modelo tiene consecuencias directas: en zonas de la Ciudad de México se registran hundimientos del suelo de varios centímetros por año, afectando tuberías, drenaje e infraestructura urbana, lo que a su vez agrava las fugas y la pérdida de agua.
Infraestructura e ineficiencias agravan el problema
A la presión por demanda se suma un reto estructural de gestión. En el centro del país, se estima que entre 30% y 40% del agua potable se pierde en fugas dentro de las redes de distribución.
Además, aunque la cobertura de agua es alta, el suministro no siempre es constante: en algunas zonas urbanas, menos del 60% de la población recibe agua de manera continua, lo que obliga a millones de personas a depender de almacenamiento o pipas.
Menos agua disponible en un contexto de alta concentración urbana
La disponibilidad de agua por habitante en México ha disminuido de forma sostenida, pasando de 10,000 metros cúbicos anuales en 1960 a poco más de 3,200 en la actualidad.
En el centro del país, esta reducción se vuelve más crítica debido a la concentración poblacional y económica, lo que incrementa la presión sobre sistemas ya limitados.
Eficiencia en servicios y negocios
Ante este contexto, distintos sectores han comenzado a replantear su uso del agua, especialmente en servicios como hospitales, oficinas, restaurantes y espacios comerciales.
Empresas del sector de higiene profesional han implementado soluciones orientadas a la eficiencia hídrica. Un ejemplo es Tork, especialistas en higiene para negocios, que ha incorporado procesos de reciclaje de agua en su operación en México.
En su planta de Uruapan, la compañía recicla actualmente el 66% del agua utilizada y busca reducir su consumo total en 20% hacia 2030.
Un reto crítico para el futuro urbano
La crisis hídrica en el centro del país refleja un problema estructural: una región con alta demanda que depende crecientemente de fuentes externas y acuíferos sobreexplotados.
Especialistas coinciden en que, sin mejoras en eficiencia, infraestructura y gestión del recurso, el abastecimiento de agua en esta región enfrentará presiones cada vez mayores en los próximos años.

