FYJA 2026 (Festival de Flores y Jardines) da a conocer los resultados de sus convocatorias de jardines, estudiantes y arcos florales, tres procesos fundamentales que, junto con su programación pública, estructuran la décima edición del festival.

En esta edición el festival recibió más de sesenta propuestas que dan cuenta de la diversidad de enfoques que hoy existen en torno a El Jardín Mexicano, eje curatorial de FYJA 2026. Las propuestas abarcan desde prácticas domésticas y conocimientos tradicionales hasta aproximaciones contemporáneas al diseño, la arquitectura y el paisaje en la ciudad, evidenciando la diversidad de formas en que el jardín se piensa, se construye y se vive en México.

A través de estas convocatorias abiertas FYJA reúne proyectos de diseño, arquitectura, paisajismo y propuestas estudiantiles provenientes de distintas regiones del país. Este proceso permite visibilizar el trabajo de profesionales y nuevas generaciones, y al mismo tiempo impulsa la materialización de las ideas en el espacio público, donde adquieren una dimensión concreta y compartida.

Desde su origen FYJA ha trabajado en la transformación del espacio público como lugar de encuentro. Lo que inició en 2016 como una intervención en el Jardín Botánico de Chapultepec se ha convertido en un referente cultural que, año con año, convoca a miles de personas y sitúa al paisaje y al diseño floral como temas centrales en la vida urbana y su reflexión.

Selección de la Convocatoria de Jardines

Dirigida a profesionales del paisaje, la arquitectura y el diseño, la Convocatoria de Jardines FYJA 2026 seleccionó cinco proyectos que serán construidos como parte de la exposición del festival en distintos puntos de Polanco.

Las propuestas abordan el jardín en distintos contextos y escalas, desde espacios domésticos y prácticas cotidianas hasta intervenciones que replantean su presencia en la ciudad.

Los proyectos seleccionados este año son:

Jardín Culinario — Kathrin Grimm y Fabiola Molina (Ciudad de México)
Espacio donde la cocina y la tierra se encuentran a partir de plantas comestibles, hierbas medicinales y especies de uso cotidiano. Entre macetas de barro, cazuelas y texturas de petate, el jardín recupera prácticas vinculadas a la autosuficiencia y a la relación directa con los alimentos, entendiendo el cultivo como parte de la vida diaria.

El Jardín de Lolo — Folia (Querétaro)
Reinterpretación del patio mexicano como un espacio de contemplación contenido por muros que construyen una atmósfera íntima. Un cuerpo de agua con base de cobre funciona como punto focal, mientras la vegetación —gramíneas, cactáceas y especies resilientes— y los árboles en macetas de barro refuerzan el diálogo entre la tradición y la contemporaneidad.

El Jardín de mi Abuelita — Gladiola Estudio de Paisaje (Nuevo León)
Microecosistema que parte de prácticas domésticas de cultivo y reciclaje, donde recipientes y objetos cotidianos se transforman en contenedores de vida vegetal. La propuesta retoma una tipología común en México —los jardines que emergen en el umbral entre la casa y la calle— para construir una experiencia marcada por la acumulación, el color y la diversidad.

Patio Tapalpero — Rodrigo Araiza (Baja California Sur)
Proyecto que remite al origen del vínculo con las plantas y al desarrollo del diseño como práctica personal y cultural, reinterpretando el jardín mexicano como un territorio de memoria personal y colectiva.

En nuestras manos, la memoria — Teocintle Estudio (Ciudad de México)
Concebido como un sistema en transformación, el proyecto conecta un paisaje fértil con un patio urbano a través de la maceta como elemento central. Entendida como un fragmento portátil de tierra, la maceta permite que la memoria vegetal se desplace y persista dentro de la ciudad, vinculando prácticas del campo con la vida urbana.

Concurso de Estudiantes

Enfocado en estudiantes de arquitectura, arquitectura de paisaje, diseño, artes visuales y disciplinas afines, este concurso impulsa la experimentación, la reflexión crítica y el desarrollo de propuestas que puedan materializarse dentro del festival. El proyecto ganador será construido y formará parte de la Exposición de Jardines, ofreciendo a sus autores una experiencia profesional directa y visibilidad dentro del circuito creativo.

Proyecto ganador:
Entre Grietas: Jardín Mexicano en Resistencia — Universidad Anáhuac

La propuesta parte de la vegetación que aparece en condiciones no previstas dentro de la ciudad —banquetas, muros, azoteas o terrenos abandonados— para reconocerla como una forma legítima de paisaje urbano. A partir de un espacio fragmentado que incorpora materiales como concreto y metal, el proyecto contrasta esta dureza con especies ruderales y florales, propias del contexto mexicano, construyendo un jardín que pone en el centro la resistencia y la capacidad de adaptación.

Mención honorífica:
Xochitla: Jardín de los cuatro caminos del tiempo — UNAM, Facultad de Arquitectura

Esta propuesta concibe el jardín como un sistema vivo donde convergen naturaleza, espacio y experiencia, integrando los rumbos cardinales como principio organizador del paisaje. A través de esta estructura simbólica, el proyecto plantea un recorrido que articula distintas dimensiones del tiempo y la memoria, entendiendo el jardín como un espacio cultural y cotidiano que conecta territorio, identidad y experiencia colectiva.

Selección de Arcos Florales

Los arcos florales representan una de las expresiones más visibles del festival. Son intervenciones efímeras que, desde una escala monumental, acercan el diseño floral a las personas y cambian la forma en que se recorre la ciudad. Estas estructuras destacan en el entorno cotidiano y generan espacios de contemplación que despiertan la imaginación colectiva sobre otras formas de vivir y experimentar el espacio público.

Los proyectos seleccionados son:

Escalera hacia lo imposible —Diseño 9. Escuela de diseño floral (Ciudad de México)
Inspirado en las atmósferas surrealistas de Las Pozas de Edward James, el proyecto propone una estructura que combina elementos arquitectónicos y vegetación para construir un punto de observación y recorrido. Columnas orgánicas y composiciones vegetales dan forma a un espacio que sugiere ascenso y transformación sin un destino fijo.

La belleza de lo árido — Diseño 9. Escuela de diseño floral (Ciudad de México)
La propuesta evoca el desierto de Sonora como un jardín vivo donde la resistencia se expresa a través de color, textura y forma. Inspirada en cactus emblemáticos y sus floraciones, la instalación integra elementos simbólicos de la fauna local para resignificar la aridez como condición de adaptación y belleza. El arco plantea una experiencia sensorial que revela la riqueza natural y cultural de un territorio aparentemente inhóspito.

Jardín Madre: Manifiesto Meximalista — Rebelión en el jardín (Ciudad de México)
Desarrollado por un colectivo de siete mujeres egresadas de Arquitectura de Paisaje de la UNAM, el proyecto reivindica el jardín doméstico mexicano como un espacio de memoria, afecto y construcción cotidiana. A partir del concepto de “meximalismo” la propuesta celebra la abundancia de colores, aromas y significados, entendiendo el jardín como una práctica viva que refleja identidad, cuidado y pertenencia.

Raíz y Fuego — Dulce Romero, Hiram Guzmán, Mayra Castañeda, Alexis Blanco y Marco Nava (Guanajuato y Jalisco)
La instalación propone un homenaje al vínculo entre el jardín y la cocina, entendiendo el paisaje como origen del alimento y la experiencia compartida. A través de un recorrido simbólico donde el fuego activa colores y texturas, conecta la parcela con la mesa, resaltando la dimensión cultural y sensorial del jardín mexicano como un espacio donde lo cultivado se transforma en comunidad.

Entre Ecosistemas: El alma del jardín mexicano — María José Soulé Aguilar, Betsi Tanibeth Ibarra Díaz, Alonso Sánchez Vargas y Leonel Hernández Ramos (Querétaro)
La propuesta integra distintos paisajes del país —bosque, pastizal, desierto y selva— inspirados en la biodiversidad de la Sierra Gorda queretana. A partir de plantas nativas, especies aromáticas y elementos simbólicos de la cultura mexicana, conecta naturaleza e identidad, celebrando la riqueza ecológica y cultural del territorio como parte esencial del jardín mexicano.