Por Elia Silva

Las cosas diarias y la edad te hacen no tenerle miedo a ciertas (varias) situaciones como ir al dentista. Ayer que ya tenía la anestesia dentro de mi cuerpo y buscando el efecto deseado por la doctora, se comenzó a escuchar música ochentera, muy del estilo señora de edad respetable.

Mientras, la especialista en cuidado bucal, volteo para acomodar instrumentos lo que me puso más nerviosa que la jeringa que ya había entrado en mi boca cinco minutos antes. Ahí fue cuando me di cuenta que hay sentidos que se hacen más agudos cuando apagas unos, por ejemplo, claro que cerre los ojos para recibir la anestesia y el oí do se puso más alerta al escuchar cualquier movimiento de los instrumentos puestos a un lado mío. Y, mientras recibí a la instrucción de respirar por la nariz y exhalar por la
boca vino el relajamiento total.

Ese estado, me dio la oportunidad de repasar situaciones de la casa, con amistades o con mis hijos sin tanto apuro. Y recordé cuando mi hija me comentó que tenia esa misma sensación mientras nadaba. Y es cierto, mientras braceas para llegar al otro lado de la alberca, o cuando haces caminatas o corres, uno tiene la oportunidad de pensar y relajarse, respirar, exhalar y ver de diferente
manera las situaciones que se nos presentan.

Yo lo experimente con anestesia de por medio, pero sugiero darnos un tiempo para disfrutar una caminata al aire libre, relajarnos y poner en claro nuestras ideas, pensamientos y hasta sentimientos.