Cada edición de la Copa Mundial de la FIFA llega acompañada de expectativas de derrama económica millonaria. Sin embargo, la evidencia internacional muestra que no toda la riqueza generada se distribuye de forma equitativa ni beneficia por igual a todos los sectores.
Análisis de ediciones pasadas lo confirman. La Copa Mundial de Brasil 2014 implicó inversiones cercanas a los 11 mil millones de dólares, mientras que la edición de Rusia de 2018 superó los 14 mil millones de dólares, de acuerdo con datos del Banco Mundial. A pesar de estas cifras, el impacto en el crecimiento económico fue más limitado de lo previsto y, en muchos casos, concentrado en el corto plazo.
A nivel global, la mayor parte del valor económico generado no permanece en las economías locales. De acuerdo con estimaciones de organismos internacionales, entre 60% y 80% de los ingresos de estos eventos se concentra en derechos de transmisión, patrocinadores y operadores internacionales. La FIFA reportó ingresos por alrededor de 6,400 millones de dólares durante el ciclo de Rusia 2018, provenientes principalmente de comercialización y derechos de televisión.
Turismo y consumo: beneficios concentrados
Si bien el flujo turístico puede incrementarse —como ocurrió en Brasil 2014 con cerca de un millón de visitantes internacionales adicionales—, estos beneficios suelen concentrarse en periodos y zonas específicas. Además, se ha documentado un “efecto desplazamiento”, donde turistas habituales evitan viajar durante el evento por el aumento en precios y la saturación.
En este contexto, sectores como hotelería, transporte y grandes cadenas comerciales tienden a capturar la mayor parte de la derrama, mientras que los beneficios para economías locales son desiguales.
El reto para las pymes: competir en un entorno de alta presión
Para las pequeñas y medianas empresas, el panorama es más complejo. Se han identificado incrementos de hasta 30% en costos operativos —incluyendo rentas y logística— en zonas de alta demanda durante estos eventos, sin garantías de ingresos proporcionales.
En México, donde más del 90% del tejido empresarial está conformado por pymes, este desafío cobra especial relevancia de cara a la Copa Mundial de la FIFA 2026, que tendrá como sedes ciudades como Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey.
El más reciente International Business Report (IBR) de Salles Sainz Grant Thornton ya anticipa un entorno más competitivo: las expectativas de crecimiento de ingresos entre empresas medianas disminuyeron de 72.8% a 65.2%, mientras que la rentabilidad esperada cayó a 55.1%.
“Los grandes eventos no garantizan beneficios automáticos para todas las empresas. La derrama económica existe, pero está altamente concentrada. El reto para las compañías mexicanas es identificar en qué parte de la cadena de valor pueden participar con rentabilidad real”, señaló Mauricio Brizuela, CEO de Salles Sainz Grant Thornton.
La evidencia internacional apunta a que los beneficios más sostenidos de un Mundial no provienen del consumo inmediato, sino de factores como la infraestructura, el posicionamiento turístico y la capacidad de integrar proveedores locales en cadenas de valor de largo plazo.

