La expansión global de centros de datos entra en una nueva fase. Impulsada por el auge de la inteligencia artificial, la demanda crece sin freno, pero en Estados Unidos comienzan a acumularse retrasos, cancelaciones y nuevas restricciones, reconfigurando el mapa de la infraestructura digital a nivel regional.

En los últimos meses, distintos reportes del sector han documentado cómo una parte relevante de los proyectos de data centers en EE.UU. enfrenta obstáculos asociados a la disponibilidad de energía, tiempos de entrega de equipos críticos y, cada vez más, a la oposición social en comunidades locales. Estados como Virginia, uno de los hubs más importantes del mundo, han visto crecer la resistencia a nuevas instalaciones, mientras que otras regiones ya analizan restricciones más estrictas para este tipo de infraestructura.

Lejos de frenar la demanda, este escenario evidencia un cuello de botella en la ejecución de proyectos, lo que abre una ventana de oportunidad para otros mercados y México es uno de ellos.

De acuerdo con la Asociación Mexicana de Data Centers, el país cuenta con más de 270 MW instalados y más de 200 MW en construcción, con proyecciones que superan los 1,500 MW hacia 2030. El crecimiento vendrá acompañado de inversiones por más de 18 mil millones de dólares y la creación de miles de empleos especializados, lo que consolida su papel en la región.

El posicionamiento de México responde a factores estructurales: cercanía con Estados Unidos, costos competitivos, disponibilidad de talento y un entorno favorable para el desarrollo de infraestructura digital.

En línea con este entorno, el mercado local comienza a registrar nuevos proyectos de infraestructura. Entre ellos, KIO Data Centers invertirá 70 millones de dólares en su campus MEX8 en Ciudad de México para ampliar capacidad y conectividad para distintos sectores de la economía.

La demanda que impulsa esta expansión proviene de industrias que dependen cada vez más de servicios digitales, desde el sector financiero y el comercio electrónico hasta la manufactura y los servicios públicos. En ese contexto, México no solo tiene la oportunidad de crecer, sino de hacerlo con un modelo más planificado. La forma en que el país desarrolle su infraestructura de centros de datos en esta etapa será clave para definir su papel en la economía digital global.