En México, un dolor de espalda que se convierte en incapacidad, una muñeca inflamada por movimientos repetitivos o una lesión de hombro por cargar peso pueden convertirse en un costo doble. El trabajador lo paga en salud y calidad de vida; la empresa, en días laborales perdidos, primas de riesgo y productividad.

De acuerdo con la Memoria Estadística 2025 del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), en 2025 se registraron más de 644 mil riesgos de trabajo en el país: 432,929 accidentes en el centro de trabajo, 191,547 accidentes de trayecto y 19,803 enfermedades de trabajo, estas últimas con un aumento de 17% frente a 2024.

Dentro de las enfermedades laborales, las de origen musculoesquelético ocupan un lugar central. Las dorsopatías, es decir, los padecimientos de espalda fueron la enfermedad de trabajo más frecuente de 2025, con 3,372 casos calificados; les siguieron lesiones de hombro y síndrome del túnel carpiano, una lesión por compresión de un nervio en la muñeca que puede causar dolor, hormigueo o pérdida de fuerza en la mano, dos padecimientos asociados a carga manual, posturas forzadas y movimientos repetitivos en plantas, centros operativos y oficinas.

Lo que no aparece en el estado de resultados

Cada incapacidad puede detonar costos que no siempre aparecen de forma directa en el estado de resultados: consultas, estudios, terapias, cirugías y, en los casos más graves, retiro laboral prematuro. Al cierre de 2025, el IMSS registraba 257,681 pensiones vigentes por incapacidad permanente, con una nómina anual estimada en más de 10,800 millones de pesos.

Para las empresas, la siniestralidad también tiene un impacto directo en sus obligaciones patronales. A mayor incidencia de riesgos de trabajo, mayor puede ser la prima que deben cubrir ante el Seguro de Riesgos de Trabajo del IMSS, que hoy protege a más de 22 millones de trabajadores afiliados.

«Las lesiones musculoesqueléticas son el gasto silencioso de las empresas mexicanas. No aparecen como una línea aislada de costo, pero están ahí: en el ausentismo, en la rotación, en las primas de riesgo y en la productividad perdida. Lo más importante es que muchas pueden prevenirse si se atienden antes de convertirse en incapacidad», señala Arturo Macip, Director General del Área de Salud de Clínica Stela, red mexicana de clínicas de fisioterapia y rehabilitación.

Fisioterapia preventiva: una decisión de negocio

La NOM-036-1-STPS-2018, vigente y obligatoria, exige a las empresas identificar, analizar, prevenir y controlar factores de riesgo ergonómico asociados con el manejo manual de cargas. En este contexto, la fisioterapia deja de ser solo recuperación y se convierte en una herramienta de salud ocupacional.

Desde la experiencia de Clínica Stela, la fisioterapia puede generar valor en tres frentes:

  1. Prevención. Evaluaciones ergonómicas, pausas activas y fortalecimiento muscular para puestos con mayor riesgo.
  2. Atención temprana. Detectar una molestia en sus primeras etapas evita que evolucione a una lesión crónica o a meses de incapacidad.
  3. Reincorporación laboral. Programas de rehabilitación que ayudan a reducir tiempos de recuperación y riesgo de recaída.

«Un programa de fisioterapia preventiva cuesta una fracción de lo que representa una sola incapacidad prolongada. Cuando una empresa cuida la salud musculoesquelética de su gente, el retorno puede ser medible: menos ausentismo, menos rotación y equipos que pueden desempeñarse sin normalizar el dolor», concluye Arturo Macip.

La presión sobre la salud musculoesquelética no viene de un solo frente: conviven nuevas generaciones que se integran al trabajo, jornadas híbridas, oficinas con ergonomía deficiente y puestos operativos con exigencias físicas constantes. Para las empresas, anticiparse a estas lesiones puede traducirse en menos ausentismo, mayor continuidad operativa y mejor cuidado del talento.