La eficiencia energética en los hogares mexicanos suele asociarse con recomendaciones sobre los aparatos eléctricos: qué focos utilizar, a qué temperatura ajustar el aire acondicionado o qué equipos desconectar durante la noche. Sin embargo, algunas oportunidades de ahorro comienzan antes de encender cualquier aparato, en la manera en que se distribuyen y acondicionan los espacios.
La Comisión Nacional para el Uso Eficiente de la Energía (CONUEE) estima que en las viviendas mexicanas es posible ahorrar entre 20% y 35% del consumo de energía mediante la aplicación conjunta de buenas prácticas y medidas de eficiencia. El resultado concreto varía según factores como el clima, las características de la vivienda, los equipos instalados y los hábitos de sus ocupantes.
Aunque muchas de estas recomendaciones están relacionadas con el uso y mantenimiento de los aparatos, otras comienzan con la propia configuración del espacio: el aprovechamiento de la luz natural, el control de la radiación solar, la ventilación y la selección adecuada de acabados, textiles y de protecciones solares.
Dónde ocurre el ahorro
“Un proyecto de interiorismo empieza mucho antes de elegir materiales, colores o mobiliario. Resuelve la distribución, la iluminación, el confort y la funcionalidad del espacio. Estas decisiones afectan tanto la experiencia de las personas como la forma en que se aprovechan la luz, la ventilación y la energía disponible”, aseguró Aitor Viteri, director académico de IDEQUO, Madrid Interior Design School.
Una vivienda que aprovecha adecuadamente la luz natural puede reducir las horas de iluminación artificial durante el día. Esto depende de la posición de las áreas de trabajo y lectura, de la distribución del mobiliario, de las características de las cortinas o persianas y de la capacidad de las superficies interiores para reflejar la luz.
La distribución también influye en la manera en que se utiliza cada estancia. Cuando un espacio responde a las actividades reales de sus habitantes, es posible iluminar y acondicionar únicamente las zonas que se encuentran en uso, en lugar de mantener encendida o climatizada una habitación completa.
El interiorismo no sustituye las decisiones arquitectónicas relacionadas con la orientación, el aislamiento, las ventanas o la envolvente del edificio, pero puede complementarlas. Su aportación consiste en organizar el espacio, facilitar el aprovechamiento de las condiciones existentes y evitar que una distribución poco funcional incremente innecesariamente el uso de lámparas, ventiladores o sistemas de climatización.
Asimismo, las herramientas de modelado 3D permiten revisar la distribución, la entrada prevista de luz, la ubicación del mobiliario y las instalaciones antes de ejecutar una intervención. Cuando se combinan con programas específicos de simulación lumínica o energética, también ayudan a comparar diferentes escenarios de iluminación y confort térmico.
Asimismo, Aitor Viteri recomienda cuatro soluciones antes de intervenir un espacio:
1. Iluminación por capas: Distribuir luminarias eficientes según las actividades de cada zona permite iluminar solo el área que se está utilizando, en lugar de depender únicamente de un punto de luz central. Para que esta solución contribuya al ahorro, conviene incorporar tecnología LED, potencias adecuadas y controles independientes que eviten encender todas las fuentes al mismo tiempo.
2. Distribución en función del uso real: Colocar las áreas de trabajo, estudio o lectura cerca de las fuentes de luz natural puede reducir el uso de iluminación artificial durante el día. La distribución debe evitar, al mismo tiempo, los reflejos, el deslumbramiento y la exposición solar excesiva que obligaría a cerrar completamente las persianas.
3. Materiales y superficies con criterio térmico: Seleccionar acabados, textiles y protecciones solares considerando el clima, la orientación y el tipo de ventana ayuda a controlar la entrada de luz y las ganancias de calor. Los acabados claros pueden favorecer la reflexión de la luz natural y artificial, aunque su color no determina por sí solo su comportamiento térmico. La ventilación natural planificada también puede mejorar el confort y reducir la necesidad de enfriamiento mecánico cuando las condiciones exteriores lo permiten.
4. Visualización previa del proyecto: El modelado digital permite detectar problemas de circulación, iluminación, distribución y ubicación de instalaciones antes de comenzar una obra. Esto reduce la posibilidad de rehacer conexiones eléctricas, modificar elementos ya construidos o sustituir materiales después de descubrir que la solución inicial no responde al uso previsto. Cuando se busca evaluar el desempeño energético, es necesario complementar la visualización con datos técnicos y herramientas específicas de simulación.
“El objetivo no es pensar que el interiorismo puede resolver por sí solo toda la eficiencia energética de una vivienda, sino entender que cada decisión suma. Una buena distribución y una iluminación correctamente planificada pueden hacer más sencillo que las personas utilicen únicamente los recursos que necesitan”, explicó Viteri.
Cuando una intervención afecta la envolvente del edificio, las instalaciones, la estructura o los elementos constructivos, el proyecto debe desarrollarse con la participación de los profesionales técnicos correspondientes.
El diseño de interiores puede hacer más sencillas muchas de las actividades que se realizan dentro de una vivienda. En ocasiones, esto comienza con decisiones tan concretas como aprovechar mejor una ventana, ubicar correctamente una zona de trabajo, controlar la entrada directa del sol o dividir la iluminación según las actividades de cada espacio.

