Erik Castillo

La comercialización ilícita de insumos para la salud en el país atraviesa por una transformación digital sin precedentes. La incorporación de herramientas de inteligencia artificial por parte de grupos delictivos no solo ha sofisticado las operaciones de falsificación, sino que ha abierto una vía expedita para validar, engañosamente, productos robados, vencidos o francamente apócrifos ante el consumidor final. De acuerdo con estimaciones vertidas por el sector farmacéutico, esta dinámica empujará el valor del mercado clandestino hasta los 38 mil 500 millones de pesos al cierre de 2026.

El núcleo de esta problemática radica en la manipulación deliberada de la confianza pública mediante tecnología de punta. Durante una conferencia de prensa en el marco del 16º Congreso Nacional Farmacéutico, Juvenal Becerra Orozco, presidente de la Unión Nacional de Empresarios de Farmacias (UNEFARM), advirtió que redes informales están suplantando la identidad de médicos y especialistas para simular prescripciones y respaldos científicos en entornos digitales.

“Una de las nuevas modalidades del mercado ilegal es el uso de inteligencia artificial para crear o clonar voces e identidades y hacer parecer que especialistas recomiendan determinados productos, cuando en realidad se trata de contenidos falsos”, aseveró Becerra Orozco, subrayando que esta dinámica no solo genera un canal directo de estafa al paciente, sino que también ha comenzado a articularse en esquemas de extorsión contra la propia industria.

El impacto de esta red ilícita desborda el plano virtual y se traduce en un riesgo sanitario generalizado. Las estimaciones presentadas por los dirigentes del sector revelan que cerca de un 10% de la población mexicana ha estado expuesta o ha
adquirido algún producto farmacéutico sin garantías de origen, dentro de un mercado negro que registra un ritmo de crecimiento anual del 6%. Esta mercancía fluye tanto en tianguis y puestos informales como en páginas web que clonan la imagen comercial de establecimientos regulados.

Geográficamente, el almacenamiento y venta de estos insumos se concentra en la Zona Metropolitana del Valle de México, Guadalajara, Monterrey y el estado de Michoacán. Los informes logísticos presentados en el encuentro señalan dos
fuentes principales de abastecimiento: el ingreso transfronterizo por el sur del país desde Centroamérica, sumado a embarques procedentes de China e India, y el atraco sistemático al transporte de carga en tramos estratégicos como el corredor Puebla-Veracruz-Oaxaca, donde el producto robado es reempacado para su reintroducción al circuito informal.

Ante la sofisticación de estos esquemas informáticos y delictivos, la UNEFARM, junto con la Cámara Nacional de la Industria Farmacéutica (Canifarma) y la Asociación Mexicana de Laboratorios Farmacéuticos (AMELAF), informaron que mantienen mesas de trabajo permanentes con autoridades de seguridad locales y federales. El plan de contención combina operativos en vías de tránsito con alianzas en el entorno del comercio electrónico, incluyendo programas de capacitación con plataformas como Mercado Libre para adiestrar a personal operativo en la identificación puntual de empaques apócrifos frente a los originales.


Por su parte, al abordar las implicaciones biológicas y bioéticas de este fenómeno, Jaime Ponce Águila, integrante de la Fundación Mexicana para la Salud (FUNSALUD), enfatizó la vulnerabilidad diferenciada que entraña el consumo de insumos sin registro sanitario. “A diferencia de otros bienes de consumo, los medicamentos ingresan directamente al organismo”, puntualizó el especialista, advirtiendo que el aparente beneficio económico al adquirir fármacos en canales no autorizados suele traducirse en un riesgo directo e irreversible para la salud y la vida de las personas.