Las manos son una de las principales vías de transmisión de infecciones. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), aproximadamente el 80% de las enfermedades infecciosas comunes se transmiten a través del contacto con las manos, por lo que el lavado de manos es una de las prácticas más efectivas para reducir su propagación, tanto en la vida cotidiana como en entornos de atención médica.

Además, una correcta higiene de manos puede reducir las enfermedades diarreicas hasta en un 40% y las infecciones respiratorias en un 21% en la población general, de acuerdo con los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC).

Aunque la higiene de manos es clave en la vida cotidiana, su impacto es aún más relevante en entornos de atención médica. Según la OMS, 1 de cada 10 pacientes adquiere una infección durante su atención, cifra que puede elevarse hasta 30% en unidades de cuidados intensivos.

Por su parte, la Organización Panamericana de la Salud advierte que las infecciones asociadas a la atención sanitaria (IAAS) representan una carga significativa para los sistemas de salud en América Latina, ya que contribuyen a la resistencia antimicrobiana (RAM) y elevan de forma considerable los costos hospitalarios.

A pesar de esto, la evidencia muestra que el lavado de manos sigue siendo irregular. Publicaciones en The Lancet Infectious Diseases indican que el cumplimiento de los protocolos de higiene de manos se sitúa entre 40% y 60% a nivel global, mientras que en América Latina este indicador puede descender a rangos de entre 30% y 40%.

De hecho, cerca del 80% de los profesionales de la salud reconoce la necesidad de mejorar sus hábitos de higiene en el trabajo, de acuerdo con un informe de Tork, especialista en higiene profesional para negocios a nivel global.

Programas estructurados pueden reducir de forma significativa la transmisión de infecciones —hasta en un 50% en entornos hospitalarios, según la Organización Mundial de la Salud— y, al mismo tiempo, optimizar el uso de recursos clínicos.

No obstante, mejorar la adherencia no depende únicamente del conocimiento. Factores como la disponibilidad de insumos en el punto de atención, la carga de trabajo y la cultura organizacional influyen directamente en el cumplimiento.

En este contexto, Tork, marca global de Essity, se suma por otro año consecutivo a la campaña “SALVA VIDAS: Límpiate las manos”, impulsada por la Organización Mundial de la Salud, mediante el desarrollo de soluciones y programas de capacitación orientados a facilitar la adopción de mejores prácticas de higiene en distintos entornos. Estas iniciativas incluyen herramientas de formación y recursos alineados con estándares internacionales, diseñados para mejorar la adherencia del personal sanitario en el punto de atención.

En un escenario donde los sistemas de salud enfrentan presión constante, fortalecer la higiene de manos sigue siendo una de las acciones más simples y efectivas para reducir riesgos, contener infecciones y mejorar la calidad de vida de las personas.