Sergio Danset Sandoval
A lo largo de mi vida, tuve la oportunidad de asistir a colegios adventistas, lugar ideal para evitar situaciones difíciles para un cristiano. Sin duda, experimenté retos durante ese tiempo, pero nada comparado a lo que solía escuchar en los relatos misioneros, los cuales eran un ejemplo claro de jóvenes que tenían una fidelidad similar a la que tuvo Daniel.
Fue entonces, cuando al egresar de una universidad adventista, llegó uno de los retos más difíciles que he afrontado. Tras concluir la carrera de medicina, la intención por continuar estudiando estaba presente, y el pasó siguiente, era la presentación del examen nacional de aspirantes a una residencia médica o como comúnmente se le conoce: ENARM. Este examen selecciona a quienes pueden acceder para estudiar un posgrado en medicina.
Decidí aplicar para ser aspirante a la especialidad de oftalmología, y realicé mi preparación para presentar dicho examen. Sin embargo, tras realizar la inscripción al examen me percaté que el día de presentación era el día Sábado. En ese momento, parecía que el mundo se derrumbaba al ver que mi sueño se estaba escapando, y a pesar de que no estaba dispuesto a realizar el examen en sábado, no me di por vencido, buscando por varios medios la forma de poder realizar el examen otro día. Incluso se llegó a escuchar en una entrevista presidencial, donde se externó la petición que, como denominación adventista, se solicitaba el cambio de fecha del examen, ya que no era el único aspirante adventista que solicitaba el cambio. Finalmente, el examen no fue cambiado y chasqueado esperé por 1 año más para ver la posibilidad de aplicar nuevamente, con la incertidumbre de qué pasaría el siguiente año.
Durante ese año, además de continuar con mi preparación, replanteé durante un tiempo considerable la especialidad que estaba escogiendo. Posteriormente, tras un análisis profundo reforzado por mis seres queridos, decidí elegir la especialidad de Neumología.
El año transcurrió, realicé la inscripción al examen, el cual lo pude realizar en otro día distinto al sábado y finalmente pude acceder a la especialidad deseada. En ese lapso, también cursé con el desafío de poder pasar el examen, ya que fue estudio intensivo durante todo 1 año y posteriormente, otro reto fue poder entrar al hospital para poder recibir el entrenamiento.
Después de avanzar en cada uno de los retos, se presentaría otro reto muy similar al que primeramente se me había presentado, y el cual se me estaba planteando desde el inicio de mi formación como especialista. Cuando escuché que los próximos a egresar a la especialidad presentarían su examen para que fueran certificados por el consejo nacional de neumología se realizaba en sábado supe que me esperaba un reto igual o mayor que el previo.
Sin embargo, en ese momento lo tomé con calma, y no porque tuviera la fe en que Dios abriría las puertas, de lo cual no estoy orgulloso, sino porque aún faltaban 4 años para que me enfrentara a esa situación. Los 4 años pasaron más rápido de lo que pensé y entonces se estableció este desafío, solo que, a diferencia de lo ocurrido años atrás, en ese momento, sabía que no había otro adventista que tuviera el mismo desafío, motivo por el cual me sentía solo, llevándome a contemplar la posibilidad de realizar dicho examen.
Esto lo menciono no con orgullo, sino porque es necesario tener presente que nuestra fe debe aferrarse constantemente a Dios, porque pueden presentarse esos momentos de duda. Dejé pasar algunos meses, y en vísperas del examen, llegó un momento clave, donde mientras me bañaba y pensaba en muchas cosas, le abrí mi corazón al Señor, externándole que sí era su voluntad, abriera el camino, pero que mi principal petición era que cambiara mi carácter, mi vida, y que lo demás lo dejaba a su voluntad.
Pasó el tiempo, el Señor empezó a actuar de forma muy misteriosa que yo no entendía, ya que primero recibí la carta donde me aceptaban para realizar una alta especialidad. Sin embargo, yo no podía acceder a este curso si no contaba con el examen aprobado, por tanto, mantuve mesura al recibir esta noticia, confiando en ver lo que Dios podía hacer.
Aquí tengo que hacer mención que escribí una carta dirigida al presidente del Consejo Nacional de Neumología donde expresaba los motivos por lo que solicitaba el cambio de examen, expresando que no lo hacía por mera rebeldía. Pasaron algunos días y entonces recibí la respuesta del presidente. Antes de abrir el correo, realicé mi oración y decidí leer la carta con mucho temor en mi corazón. De esta carta puedo hacer mención que al principio recibí un llamado de atención, indicando que debí solicitar el cambio de examen con mayor antelación, pero que estaban dispuestos a acceder a mi petición.
Lo anterior, lo mencioné porque a veces llegamos a dudar del poder que tiene Dios y podemos pensar que la respuesta negativa será lo más obvio y decidimos esperar para actuar hasta el último momento, y lo segundo que resalto es que, la misericordia de Dios es grande a pesar de nuestra poca fe. Después de leer esto, lo único que pude hacer es llorar al ver como Dios fue abriendo caminos, donde no los había.
Esta experiencia no la comparto desde la arrogancia, para que los demás puedan ser como yo, ya que no me considero ejemplo, pero si me gustaría animar a cada lector a que podamos afianzar nuestra fe, que dejemos en las manos de Dios cada aspecto de nuestras vidas. Idealmente, el Señor esperaría que existieran más jóvenes como José, Daniel, Enoc, personajes ejemplares, pero también tenemos ejemplos como lo fue David, que dentro de las equivocaciones que tuvo, también decidió dejar su vida en manos de Dios, llegando a ser llamado un “hombre conforme al corazón de Dios”.

